Opinión

El eterno círculo en América Latina

Por: Mateo Cervantes

América Latina sigue deslumbrando a los europeos y norteamericanos, no sólo por la belleza natural y la riqueza de sus culturas, sino por la historia de violencia y corrupción que nos invade cada día.

La explotación de los recursos y la esclavitud de las potencias en países del Tercer Mundo también es historia conocida por los universitarios e investigadores que cargan sus laptops y mochilas para actualizar una información que vuelve insostenible estos sistemas políticos, caracterizados por la violencia, la corrupción, el populismo y la impunidad.

Acá obtienen en primera línea los insumos y la experiencia cotidiana en sus recorridos para entender qué nos mueve como latinoamericanos y hacia dónde nos dirigimos como sociedades. Por qué es imposible llegar a acuerdos con las organizaciones sociales, indígenas y los dueños del capital -dueños reales de los países-, para reconstruir un continente que continúa en la brecha de desigualdad social y económica más espantosa de las últimas décadas.

Lo han dicho millones de voces en las calles cada cierto tiempo, que gritan a todo pulmón la exclusión, la incertidumbre, el hambre y la carencia de políticas públicas para aliviar la crisis económica y generar empleo, mejorar los sistemas de salud, la seguridad social y otros temas prioritarios. En esta eterna lucha, los políticos encerrados en sus burbujas de poder, en los diferentes espacios públicos y en sus partidos políticos, parecen vivir desconectados de la realidad y, los escasos intentos de romper el molde parecen caer en arenas movedizas: terminan devorados y desaparecen.

La realidad en América Latina es cruel y despiadada para millones de familias, no solamente porque viven hacinados, sin la más mínima esperanza de cambiar su realidad, sino porque estos ejércitos de pobres constituyen el soporte humano de los grupos delincuenciales, las mafias, el narcotráfico y los grupos políticos que los manipulan a su antojo en un círculo vicioso de populismo y demagogia para prolongar las dictaduras.

Ecuador comienza a vivir  tiempos de nueva campaña, en donde las redes sociales evidencian una guerra sin tregua para posicionar a sus candidatos con discursos incendiarios, irresponsables, carentes de sensibilidad social y que buscan apoderarse del Estado para blindar el enriquecimiento, la corrupción y la impunidad.

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