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Corrupción: el detonante de la crisis carcelaria

El control de los centros penitenciarios lo tiene el Estado, pero eso es letra muerta, porque al interior hay bandas organizadas y armadas. ¿Cómo ocurre esto? Porque los funcionarios y autoridades lo permiten.

En Ecuador las cárceles dejaron de ser centros en donde los presos están aislados de la sociedad. De hecho, tienen más acceso a armas, dinero y drogas que estando libres. Eduardo Jarrín, experto en seguridad atribuye esto a una sola causa, la corrupción. El peor mal que afecta al sistema penitenciario del país.

“Nos damos cuenta que hay un problema que es: corrupción versus falta de recursos. Por parte del Estado existe la falta de recursos para poder insertar a personal y dar solución definitiva, mientras del lado opuesto está la corrupción, porque estamos hablando de carteles que tienen dinero con lo cual pueden comprar a las personas que están en ese sistema”, sostiene Jarrín.

En medio de este panorama, Ecuador, con alrededor de 17.7 millones de habitantes, soporta una oleada de masacres en las cárceles. Desde el 2021 se han registrado al menos siete casos de altas proporciones que dejaron casi 400 muertos.

Karla Benítez, exviceministra de Atención a Personas Privadas de la Libertad, opina que no existe una política pública para retomar el control. “Solo hemos visto acciones netamente reactivas cuando ocurren los hechos”, sostiene.

La carencia de un trabajo de inteligencia es algo en lo que coinciden los dos especialistas. Por ejemplo, la última matanza perpetrada el 18 de julio en la cárcel “Bellavista” de Santo Domingo de los Tsáchilas, “es el desenlace de una muerte anunciada” de acuerdo a Eduardo Jarrín, pues cinco días antes, dentro y fuera de la prisión ya corría la voz de una posible revuelta.

“Una barbarie”

El ministro del Interior, Patricio Jarrín calificó de “barbarie” a la reyerta de ese día, que dejó 13 reos asesinados y dos heridos. Los cadáveres fueron encontrados decapitados. Estaban apilados, con varias de sus extremidades desmembradas.

Uno de los internos que fue despedazado fue José Gregorio Ramírez Guerrero, conocido en el mundo del hampa como alias ‘Goyo’. Un venezolano de 28 años de edad, que había llegado a la cárcel de Santo Domingo trasladado del Centro de Rehabilitación Social Turi (Azuay), en donde guardaba prisión tras ser sentenciado a 34 años de reclusión por haber participado en un hecho de sangre que se saldó con la muerte de cuatro miembros de una misma familia en junio del 2021.

La Fiscalía investiga si el móvil de la masacre en la penitenciaría “Bellavista” tiene como principal blanco a ‘Goyo’, quien lideraba el naciente Cartel La Nueva Escuela. Existe indicios que el día de la revuelta, su banda se enfrentó con los miembros del denominado grupo delincuencial R7, del cual querían independizarse, para continuar por su propio camino criminal.

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