Opinión

Asambleístas en plena campaña

La mayor parte de los asambleístas dividen su tiempo entre sus funciones en el Parlamento y en sus cabildeos para buscar una candidatura a la reelección.

Los asambleístas nacionales y provinciales están corriendo una doble maratón; la primera para cumplir a la medida de sus posibilidades y su tiempo con el trabajo en el Parlamento. Pero el resto del tiempo – no se podría calcular qué rango de tiempo – lo dedican a reuniones constantes con líderes políticos, directores de partidos y movimientos, autoproclamados precandidatos presidenciales etc. Claro, eso esto está fuera de sus obligaciones, pero no lo ocultan.

Las redes sociales evidencian los cabildeos, de hecho, son los mismos legisladores quienes hacen públicos sus acercamientos para captar las candidaturas, lanzan globos de ensayo y algunos más audaces quieren destituir a los dirigentes de sus partidos que no complacen sus ambiciones particulares. Es el juego de la política tradicional, la que dicen querer cambiar, haciendo lo mismo.

Mientras tanto el país se desangra en polémicas reformas que todavía ni siquiera alcanzan a comprender, porque nadie se ha ocupado de socializarlas; un post en redes sociales, un boletín de prensa, no es suficiente. Al pueblo que juraron servir deben explicarle qué están aprobando y sobre todo, cómo votaron para esas reformas, porque hay algunos que incluso dicen una cosa y votan en contra de lo que promocionan en las entrevistas y en sus canales comunicación, creyendo ilusamente que la gente no se da cuenta.

Afortunadamente ahora la forma en la que votaron es pública y cualquier ciudadano puede revisar qué dijo su asambleísta antes de votar y en realidad cómo votó. Esos listados circulan como pan caliente el as redes de mensajería de WastApp, nadie lo dice, pero no quiere decir que nadie lo sepa.

Así andan por la Asamblea, cumpliendo a medias, pero en el fondo buscando el mejor postor, el mejor presidenciable, que los arrastre a una curul provincial, nacional o a la Vicepresidencia. No son pocos, son muchos lo que caminan a ese ritmo.

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